Resulta difícil de entender que en una Copa del Mundo, el torneo más global del planeta, se limite el uso del español, uno de los idiomas más hablados del mundo. Sin embargo, en determinadas conferencias de prensa oficiales, periodistas y futbolistas tienen restringido el uso del español, incluso cuando ambos dominan perfectamente el idioma.
La explicación apunta a cuestiones logísticas. La organización del torneo define previamente qué idiomas contarán con servicio de interpretación en función de las selecciones involucradas. Si en un partido participan Brasil y Marruecos, por ejemplo, las traducciones suelen estar disponibles en portugués, árabe, francés e inglés. Si el español no forma parte de ese esquema, simplemente no se autoriza su utilización durante la rueda de prensa.
La polémica surge cuando esta normativa provoca situaciones difíciles de comprender. Futbolistas que hablan español con total naturalidad y periodistas que comparten el mismo idioma terminan comunicándose en inglés por una cuestión estrictamente protocolaria. Lo que podría ser una conversación directa y espontánea acaba condicionado por reglas previamente establecidas.
Los organizadores sostienen que el objetivo es garantizar que todos los asistentes puedan seguir la conferencia y mantener la fluidez del evento. Sin embargo, para muchos aficionados y profesionales de la comunicación, la medida resulta excesivamente rígida y poco coherente con el carácter multicultural que representa una Copa del Mundo.
La contradicción es evidente: el español desaparece de algunas ruedas de prensa internacionales, pero vuelve a ser perfectamente válido cuando participan selecciones hispanohablantes o entrenadores cuya lengua habitual es el español.
En una época en la que la tecnología permite traducciones instantáneas y los grandes torneos presumen de diversidad e inclusión, la pregunta sigue vigente: ¿tiene sentido limitar uno de los idiomas más importantes del mundo en el mayor escaparate del fútbol internacional?
Por: Marcos Bravo