Por: Carlos Alberto Vázquez.
España se proclamó campeona del mundo por segunda vez en su historia el 19 de julio de 2026 al vencer 1-0 a Argentina en la final disputada en el MetLife Stadium de East Rutherford (Nueva Jersey), con un gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga.
El delantero del Barcelona, de 26 años, llegó al torneo como opción de rotación y vivió un inicio complicado. Arrancó de titular en el empate 0-0 ante Cabo Verde, pero perdió la titularidad. En el partido siguiente, contra Arabia Saudí (victoria 4-0), entró desde el banquillo y le anularon un gol por fuera de juego en el tiempo de descuento, en una imagen de frustración que se hizo viral. A lo largo del campeonato acumuló críticas por su rendimiento irregular y por no encontrar el gol.
Aun así, aportó en momentos clave. En octavos de final ante Portugal, entró como suplente y dio la asistencia a Mikel Merino para el tanto decisivo del 1-0 que clasificó a La Roja a cuartos. En la final, Luis de la Fuente lo hizo entrar en el minuto 62. En el minuto 106, tras un centro de Pedro Porro y un cabezazo de Nico Williams, Torres conectó un potente disparo con la izquierda que superó a Emiliano Martínez y dio el título a España. Fue su único gol del torneo y le valió ser nombrado Mejor Jugador del partido. Con ese tanto se unió a Andrés Iniesta como uno de los dos españoles que han marcado el gol decisivo en una final de Copa del Mundo.
El peso de ese gol en la vida de Ferran Torres ha sido enorme. Tras el partido reconoció el alivio tras las críticas sufridas durante el Mundial. El delantero, conocido por su profunda fe católica, ha insistido en que el fútbol es una maratón y que hay que seguir trabajando pese a las adversidades. Ese momento ha redimido su trayectoria en el torneo, consolidado su estatus en la historia del fútbol español y cerrado un ciclo de superación personal tras etapas de dudas en club y selección.
“Por favor, que sea gol”.
Eran las plegarias de alguien que anhelaba con toda el alma algo que, en ese instante, el destino parecía negarle. Un sueño que se le escapaba de las manos, como si se estuviera cerrando la puerta a lo que más deseaba.Sin embargo, el tiempo siempre recompensa a quienes no se rinden. El destino le reservaba algo mucho más grande: lo citó en el escenario más sagrado de su carrera, en el momento exacto, y le entregó lo que tanto anhelaba de la forma más gloriosa que un futbolista puede imaginar: el gol único e histórico que coronó a su selección como campeona del mundo.Fue el final perfecto para quien soportó el peso de las críticas durante todo el torneo. La respuesta contundente de un jugador que, cuando más se le pedía que apareciera, lo hizo en el instante decisivo y silenció a todos los que habían dudado de él.